REVIEW DE «CARNE DE CAÑÓN»

 

(ALERTA SPOILERS)

Para prevenir spoilers, os dejamos el cortometraje al final del artículo. Para que podáis disfrutar de él antes de leer el análisis.

Estamos de vuelta con uno de los pequeños proyectos de uno de nuestros directores favoritos. En 1995 Katsuhiro Otomo escribe y dirige la tercera entrega de la serie animada “Memories”. Y es que estamos hablando de “Carne de cañón – Cannon Fodder (Taiho no Machi)”. Estamos ante un cortometraje que narra la historia de una familia corriente en una ciudad sin nombre sumida en un régimen militar en el cual el único objetivo diario es el de disparar un gran cañón rojo que corona la cima de la ciudad apuntando a una aparente nada. Este es el punto de partida y final de este cortometraje crítica a la deriva caótica de los regímenes belicistas del siglo XX.

En tan solo 20 minutos (aprox.) Otomo, a través de una de los cientos de familias que debe haber en la ciudad, nos muestra un día cualquiera de: Un niño, que asiste a la escuela, como todos los niños de la ciudad, para ser educado en la física de las trayectorias de las balas y en la teoría del armamento y la estrategia militar; el día a día de un padre, y de todos los hombres adultos de la ciudad, que acuden al Gran Cañón para acondicionarlo, cargarlo y dispararlo; y cerrando el círculo, el día a día de la madre, y de todas las mujeres adultas de la ciudad, en las que reside la labor de fabricar la munición que será proyectada a esa nada que debe haber tras la cortina de nubes que ocultan al presunto enemigo. El escenario de este muestrario costumbrista del militarismo contemporáneo es una ciudad vertical, es decir, amontonada, creando o construida, al menos, en una especie de monte que le da una apariencia afilada y nada agradable. En muchos de los edificios que la completan hay instalados pequeños cañones apuntando todos hacia el mismo presunto objetico.

No hay elemento dramático capital más que la crítica en sí que hace el director a la sociedad en la que, al menos él, pudo llegar a vivir o al menos conocer el eco de la misma. Una crítica a la sociedad marcada por los fascismos que la sumieron en una de las más profundas oscuridades de la historia de la humanidad, que lamentablemente son demasiadas. No es necesario fijarse tanto en los detalles de la doble (ss) que remite a las SS nazis, a la presencia constante del color rojo, ya que es un color con una importante longitud de onda y a la hora de asimilar conceptos es útil.

Podemos ver o deducir el tipo de sociedad y régimen que se nos muestra y se nos critica con el hecho de que existan jerarquías, y ello lo podemos ver en el momento en que para detonar el Gran Cañón sea necesaria la mano y presencia de un general, casi mariscal por la indumentaria, que recuerda a los antiguos altos mandos Prusianos. También visible esa crítica en el hecho de que se ha ya introducido en el inconsciente colectivo el terror, el miedo a ese terrorismo invisible, a ese enemigo que nunca nadie ha visto pero al que hay que atacar salvajemente. Por la edad del director podemos afirmar que ha vivido los peores años de la Guerra Fría.

 

ANÁLISIS

Otomo se sirve de los movimientos de cámara, casi en su totalidad por los planos secuencia, y los encadenados de montaje en un sentido unitario, es decir, el director pretende transmitir la idea de la unión de toda la población de esa ciudad sin nombre, todos tienen el objetivo de la guerra. Lo vemos mucho más claro con el hecho de que la historia comience con un traveling de seguimiento del más pequeño de la familia y de que este mismo personaje sea un individuo deseoso del conflicto bélico. En la escena en la que el padre del muchacho se está arreglando para iniciar su jornada laboral, con una elipsis de espacio desde el lugar de  trabajo del padre hasta al pupitre del crio, Otomo nos remite de nuevo al hecho de que el presente del padre será el futuro del hijo y que ambos están en el mismo marco físico, mental y social.

De otro modo, en los espacios del Gran Cañón se nos muestran composiciones de plano totalmente distorsionadas por la profundidad de campo, la gran cantidad de aire y espacio de los planos, el color rojo, reminiscente de las peores épocas de Europa, indistintamente de la ideología, y las distorsiones en los segmentos de plano dibujando diagonales asesinas.

 

No solo en un sentido de dibujo y composición de plano, sino también en la composición de los espacios y la historia, la ciudad es totalmente hostil en cuanto al hierro que la construye y al contraste entre los blancos, los negros, los grises y la rojez concentrada en el tensor cañón que la corona. Una ciudad movida por el carbón y el vapor, habitada por gente con rostros tan horripilantes como su arquitectura.

A pocos minutos del final del cortometraje, el joven le pregunta a su padre: “Papá, ¿contra quién luchamos? A esto el padre da una respuesta a todas luces desesperada, ya que ni él sabe quién es el enemigo de su patria, en la que solamente conocemos la bandera de esta que es una tela negra con un grande y blanco número 17.

Como epílogo del film Otomo nos introduce un cambio de animación, pasamos de un rudimentario aunque innovador y profundo dibujo anime japonés a un dibujo de “coloreado” por llamarlo así. Pese a que ya lo estábamos desde el inicio de la película, el director nos introduce en el punto de vista del pequeño en lo más puro, fiel y sincero que puede crear un niño: un dibujo. En él el niño se dibuja a sí mismo como general comandante de las trompas a las que manda a luchar contra el enemigo. Entendemos que esta idea ya ha arraigado en el inconsciente del niño. A esto podemos añadir el inicio, tanto por sonido como por encuadre, y al final del fil, solamente por sonido, del concepto del tiempo. Y es que el niño duerme bajo un gran reloj que le recuerda la hora de levantarse. Pero todo es algo más profundo: este reloj que le observa todas las noches de su, por ahora corta vida, no hace otra cosa que recordarnos que es cuestión de tiempo que este crio se convierta en lo que la sociedad que lo controla quiere que sea, igual que fue cuestión de tiempo que los imperios estallaran en guerra por el poder mundial y acabaran cayendo todos en una gran guerra fratricida.

En cuanto a la banda sonara, es claro el espídico y trepidante. Los marcados golpes rítmicos que componen la banda sonora, transmitiendo la angustia, el dolor, la incomodidad de la sociedad que se nos muestra en la historia.

Concluimos este artículo agradecidos y admirados por la capacidad constante y ejemplar que ha mantenido Otomo en su carrera cinematográfica, adaptándose a cualquier formato y tipo de metraje y por la fascinación de la capacidad de sus obras. Y por supuesto, condenando este tipo de sociedades asesinas y despiadadas que no hacen sino oscurecer el futuro de la humanidad.

(Para que podais verlo de nuevo o por primera vez, os dejamos el link del cortometraje completo: https://vimeo.com/20651643.)

Nos vemos en los siguientes animes, Camaradas.

-Kiiro

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