REVIEW DE «EL CASTILLO EN EL CIELO»

 

(ALERTA SPOILERS)

 

Una aeronave se desliza sobre un mar de nubes en plena noche. Muska, un agente secreto del gobierno, acompaña a una chica llamada Sheeta a la fortaleza de Tedis. Repentinamente la nave es atacada por los piratas que, al igual que el gobierno, buscan el secreto de la piedra mágica de levitación que Sheeta lleva colgada del cuello. La piedra es la llave que abrirá las puertas de La Fortaleza celeste llamada Laputa, una isla flotante en medio del cielo creada por una misteriosa raza que hace mucho tiempo desapareció del planeta.

Pazu, un joven muchacho, se hace amigo de Sheeta, le ayuda a escapar de sus perseguidores y juntos se disponen a resolver el misterio de la Fortaleza Celeste. Cuando Sheeta y Pazu inician su viaje hacia la Fortaleza Celeste, ponen en marcha una cadena de acontecimientos irreversibles. En este misterioso y solitario lugar lugar encontrarán un tesoro mucho más grande que el poder de controlar el mundo.

El castillo en el cielo – Tenku no Shiro Rapyuta (1986), del genio Hayao Miyazaki, es la primera película como tal de nuestro adorado Studio Ghibli. La inmortal obra de Ghibli está basada en un fragmento de una obra de la literatura universal: Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift (1726). En este aspecto se ve la grandeza de un genio: Miyazaki se inspira en un fragmento de una novela de la literatura universal y para el espectador es una nueva y casi podría decirse original historia del genio nipón, pareciera que está creando algo nuevo.

Una aventura como ninguna para la época, por supuesto. Podemos comprender que el mensaje de la cinta es el de la crítica de lo atroz que es la humanidad en la búsqueda de poder, la dualidad de la humanidad en el acto de crear espacios de naturaleza pero a la vez armas de destrucción masiva: elementos contrapuestos. Los robots que habitan Laputa pueden hacer referencia a los Kamikazes de la segunda guerra mundial, como otros breves episodios de la película.

Esta es una más de las raras avis de Ghibli. Esta es una de las pocas películas en la que el personaje femenino no es igual de independiente, fuerte y tenaz como en el resto de obras del director, pues es algo más frágil. Pese a ello es una joven valiente a la que el destino acompaña y siempre le acaba llevando al calor de esas personas que no tiene más interés en ella que el de la amistad y el buen hacer. Siguiendo con las peculiaridades, existe una maravillosa paridad en el protagonismo de la cinta. Ghibli siempre ha sido un adelantado a su tiempo.

Podemos ver que la trama, la aventura de la película estalla al momento, ya en la primera secuencia se plantean los objetivos y el tono del filme: una aventura de altos vuelos por perseguir el poder de un elemento mágico. A diferencia de otras películas de Ghibli, en esta se marca sobremanera la técnica guionística del “Viaje del héroe”: llamada a la aventura, ayuda sobrenatural, retos y revelaciones, transformación, expiación, bendición y regreso. En cuanto a la paleta de colores, que depende de la copia es una pena la pérdida de calidad a al que podemos llegar a asistir, podríamos llegar a contabilizar más de 300 tonalidades distintas que componen una sinfonía fantástica de fraternidad y humanidad.

Uno de los aspectos más claros en la relación con el lenguaje y el mensaje ecologista en concreto es la escena en la que Sheeta está atada de manos entre las ramas y, como elementos en primeros términos, vemos algunas de ellas destrozadas en relación con los siguientes planos en los que el villano está haciendo de las suyas.

Es sabido, que desde tiempos inmemoriales se ha comparado al gigante nipón con la leyenda americana de Disney. Hagamos oído sordos a comparaciones innecesarias. Con todo, y sin pretensiones comparativas, podríamos decir que Miyazaki es alguien mucho más cercano a George Lucas que a Disney: sus mensajes son mucho más universales y paritarios. Mucho más ecologistas, solidarios, fraternales y humanos.

Como hemos dicho esta es una aventura de altos vuelos que ha inspirado otras obras posteriores como Avatar de James Cameron (2009), El gigante de hierro del magistral Brad Bird (1999), Mortal Engines del escritor Philip Reeve (2001), etc.

Con todo, volvamos a adentrarnos en el mejor Ghibli y sigamos aprendiendo con todo lo que nos dibujan en las mejores historias fantásticas del cine.

Hasta la próxima, Camaradas.

Que dios bendiga a Hayao Miyazaki.

-Kiiro

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