REVIEW DE «GHOST IN THE SHELL» (1995)

(ALERTA SPOILERS)

 

 

  1. Mamoru Oshii lleva a la gran pantalla la adaptación del manga homónima de Masamune Shirow: Ghost in the Shell. Recordamos que es una de las épocas de esplendor de la ciencia ficción en el género de animación japonesa, pues apenas hacia unos años se había estrenado la magnífica “Akira (1988)”

 

Año 2029. En una indeterminada ciudad de Asia, una joven policía, La Mayor Kusanaga, investiga las siniestras y ladinas actividades de un hacker que está poniendo en jaque a la seguridad cibernética de la inmensidad de la red. Tras una de sus misiones El Titiritero irrumpe en escena intentando destruir la Sección 9 que Kusanaga lidera, y encender los fuegos de la revolución tecnológica. A partir de aquí nuestra protagonista, con su compañero de servicio, se verá envuelta en un sinfín de dudas que le harán tambalearse en su plano tecnológico.

 

 

ANÁLISIS 

 

Aclaremos que la nomenclatura “Robot” no sería la acertada en este caso, pues el término, derivado del checo, significaría en nuestra lengua “esclavo”. Puesto que nuestra protagonista no es una esclava sino un arma militar el término correcto sería ciborg.

Volvemos a encontrarnos con el peculiar y atractivo género del cyberpunk. Sí es cierto que esta historia es algo menos barroca a Akira, por ejemplo. Ghost in the Shell es un cóctel perfecto: La acción ocurre en una ciudad indeterminada. Podemos asegurar que no es Japón, así que lo más seguro es que sea una ciudad de China. Como sabemos, los creativos japoneses son excesivamente precavidos en escribir historias en lugares inventados o alejados de su tierra, por no herir sensibilidades; Esta ficción nos lleva a un futuro en el que la línea que separa la tecnología y sus avances con el plano físico y humano se está desvaneciendo cada vez más. La humanidad se encuentra en un estado de dependencia tecnológica desmedida. Podemos ver ese aspecto en el hecho de que la ciudad combina las estructuras antiguas, de tiempos anteriores y los grandes edificios y espacios de la era moderna o coetánea, mejor dicho; además lo que define al género y pone la guinda a la cinta es la mezcla entre la acción bien orquestada y la filosofía que sostiene el desarrollo de la película.

 

 

La secuencia de créditos, a escasos minutos de comenzar, nos explica todo lo que veremos más tarde. Es una declaración de intenciones, un manifiesto de lo que trata la película. Se nos acribilla a una sucesión de planos en la que vemos como se está construyendo y modificando un cuerpo artificial modificado como arma militar. Vemos que se trata de un cuerpo normativamente femenino, pues más tarde se nos confirma que la Mayor es una mujer. Con las imágenes dentro del sistema informático que está comandando ese proceso de “gestación” vemos ese plano tecnológico. Aun dentro de este vemos planos de un cerebro. Están construyendo una autómata a la que le están introduciendo una conciencia, un tipo de mente que, pese a que sea un ciborg, pueda razonar para llevar a cabo con éxito sus cometidos. A toda esta película, a esta sucesión de planos, le acompaña una banda sonora llamada “Making of a ciborg”. La música está inspirada en sonidos tradicionales japoneses y búlgaros. También tiene inspiración en una canción nupcial tradicional utilizada para expulsar cualquier mala suerte y emprender un nuevo comienzo. En resumidas cuentas: es una canción basada en la tradición. El compositor pretende hacernos pensar en esta melodía como una nueva tradición de la humanidad el hecho de crear un ciborg y remitirnos así al hecho del nacimiento, un nuevo tipo de creación. Una gestación artificial, literalmente. (Después de este discurso muchos y muchas nos preguntaremos si este tipo de imágenes ya las hemos visto en otras películas, animes o no. Es cierto, en casi todo el catálogo de Ciencia Ficción hay secuencias en las que se nos presenta un laboratorio en el que se crean criaturas artificialmente. En ese caso os invitamos a comparar ambas secuencias y que comprobéis si, como en la que hoy nos ocupa, también hay una construcción por imágenes, sonido y montaje en las demás.)

 

 

Volvemos al curso narrativo de la película y nos encontramos en la habitación u domicilio de La Mayor. Como veréis en la imagen siguiente se nos presenta  un espacio oscurecido reduciendo el foco de visión en el centro del cuadro. Vemos un marco dentro del cuadro en el que se ve a lo lejos la ciudad en donde ocurre la acción y bajo este, que es una gran ventana, vemos como la Mayor se despierta y se dirige a comenzar el día. El motivo por el que en el plano no vemos más que la ciudad y su sombra, todo lo demás es oscuridad y nada, es porque por el momento ella es un ente sin conciencia o al menos la suficiente para que conozcamos su vida. Ella no es nada más que su misión y es obvio que su cometido es en el exterior. Por eso no se nos muestra lo que no es importante, pues no tiene personalidad, no hay emoción. Hay frío y desapego.

 

 

A medida que avanza la película y se descubre que hay un villano invisible vemos como Kusanaga comienza, pese a que sea un organismo artificial, a hacerse preguntas acerca del ser, la conciencia y la existencia. Es por ello que cuando esto comienza en su interior se nos muestra la ciudad desde dentro. Vemos la homogeneidad de los habitantes, parecen sin vida. Todos con paraguas, todos iguales de nuevo. Uno de los aspectos que nos remarcan el estado de la protagonista es la lluvia: la contante lluvia, la paleta de colores grisácea en prácticamente su totalidad nos indican el estado de ánimo de ella, la lucha interna en la que se encuentra. Más tarde la vemos practicando submarinismo. Bien, teniendo en cuenta que su cuerpo está hecho de metal esa práctica no es del todo recomendable. Una vez sale y habla con su compañero ella explica las sensaciones de vulnerabilidad y soledad que ha sufrido. Podemos entender esa salida del mar como un nuevo nacimiento, una nueva manera de pensar.

Constantemente se nos define mejor a un personaje que lucha por comprender el mundo que le rodea y por comprender su naturalidad. Es por ello que nos vemos obligados a hablar de René Descartes y su Cogito ergo sum. Todos conocemos a groso modo las meditaciones metafísicas del filósofo francés. Es por ello que comparándolo con la cualidad de nuestra protagonista, que por mucho que sufra daños puede recomponerse y ser reparada, proponemos lo siguiente para que acabemos de comprender el trasfondo filosófico de la cinta: si te corto un brazo sigues existiendo, pues el pensamiento no depende de esa extremidad. Por otro lado, si te quito el cerebro o disparamos contra él como vemos que hace la Mayor al comenzar la película con un diplomático corrupto, es otra historia. La conciencia te convierte en algo o alguien que existe y si nos la arrebatan a no existimos, ya no pensamos. Cogito ergo sum, el individuo existe porque es real. Antes de llegar a la conclusión lógica que plantea la cinta debemos hablar de El Titiritero. El villano de esta historia es un ser intangible, etéreo, se representa en un cuerpo femenino pero tiene voz masculina: no existe, no es real ni físico, no pertenece al plano físico, no es de este mundo. Por ello puede moverse con total libertad. El origen de su nombre se debe a sus actos de controlar cuerpos a su voluntad. 

 

 

Comparando estos dos aspectos volvemos a Kusanaga. Ella que tiene conciencia, y a medida que avanza la película la desarrolla más, y tiene un cuerpo artificial, finalmente acaba fusionándose con el Titiritero. Su villano acaba siendo su elemento desdramatizante. Con esa fusión acaba, de alguna manera, trascendiendo, fusionándose con la naturaleza, la nueva naturaleza de la humanidad que es la red. En la última secuencia de la película la vemos en un cuerpo de una niña. Esta clar, camaradas. Todo este camino nos ha llevado a un nuevo comienzo, descendencia de ambos, tanto del Titiritero como de Kusanaga. Ahora puede expandirse sin límites.

 

 

Políticamente nos encontramos en una época difusa en la que, indistintamente de la época, existe la corrupción. La lucha por el poder es constante. Por ellos nos ha llamado la atención uno de los planos de la primera mitad de la cinta. Claramente no nos encontramos en un sistema comunista. Y todos reconocemos la típica imagen de dicha ideología política: una hoz, un martillo. También podemos reconocerlo como un puño en alto o un puño sosteniendo una hoz. Por ello el siguiente plano, comparándolo con la trama que se nos presenta por las actuaciones de El Titiritero, podemos asociarlo a un amanecer de algún tipo de anarquismo agresivo.

 

 

Un mundo ahogado de tecnología. Es el nuevo dogma. Pese a ello en la película se nos dejan pequeñas migas de pan en la que algunos personajes prefieren sus armas tradicionales y ciertas técnicas o recursos analógicos. Extrapolado o visto desde una gran escala, la contraposición de la ciudad antigua y la nueva.

 

LIVE ACTION

 

(Queremos hacer una reflexión acerca de los remakes. Ya en los inicios de la historia del cine, el cineasta David Wark Griffith, y entendamos que es de las etapas más primitivas del cine en cuanto a técnica pero con una sucesión de obras maestras posiblemente nunca más vista, ya realizaba reversiones, remakes o mejoras de sus propias películas. Lo peor que puede tener una reversión de una película es que esté mal hecha, mal construida, sin contenido lingüístico narrativo en su cinematografía. Puede llegar a gustarnos o no una película, ello es independiente a si está bien hecha o no. No temamos al remake, camaradas. Sólo tenemos que ser críticos y estar con los ojos abiertos.)

La versión de acción real del director Rupert Sanders del año 2017 llega a las pantallas como una nueva versión del clásico. La versión de Sanders podría verse como un homenaje a la original, añadiendo secuencias a la trama anterior, dando mucho más plano humano a la protagonista, pues parte del dramatismo se basa en sus orígenes. Muchas de las secuencias son calcadas a la original. En esta nueva versión encontramos una fotografía neonizada a la que no le encontramos más sentido que la exaltación del nuevo mundo y las nuevas formas de vida, pues esta versión es lo más cercano a un Blade Runner, pues nos encontramos un población de seres humanos mejorados con sustitutos mecánicos en sus cuerpos, y no menos importante: de nuevo con una mujer al timón.

Se trata  de una cinta con poca carga de construcción cinematográfica. Es más, muchas de las virtudes de iluminación o composición del original se pierden por el camino. Sí es cierto que Sanders realiza planos realmente estéticos y atractivos pero sin esa riqueza narrativa que podría tener.

 

 

Ambas películas son más que recomendables. La original por su brillantez y su gran contrición cinematográfica. El remake porque es una historia atractiva, amena y emocionante. Larga vida a la ciencia ficción que, siendo animación o no, nos hace llegar a horizontes insospechados fundiendo así la filosofía del siglo XVII y la cultura pop-punk de nuestra coetaneidad. 

 

Un saludo, Camaradas.

Que dios bendiga el cine.

-Kiiro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *