REVIEW DE «LA CHICA SATÉLITE Y EL CHICO VACA»

 

(ALERTA SPOILERS)

 

En el año 2014, el coreano Chang Hyung-yun, nos presenta una de sus obras más famosas: The Satellite Girl and Milk Cow. El director nos cuenta la historia de Ilo, un satélite que lleva cerca de veinte años realizando reconocimientos y fotografiando Corea del Sur desde el espacio. Cuando empieza a fallar es también el momento en que escucha la música de Joon, un aspirante a músico que se gana la vida cantando en la calle. Curioso por saber más sobre el corazón y el comportamiento de los seres humanos, decide bajar a la Tierra y transformarse en una chica joven. En ese momento, Joon se ha convertido en una vaca lechera debido a que su novia le partió el corazón, y debido a eso su cuerpo se ha transformado en el de un animal. Ambos deberán tener cuidado del malvado incinerador, que está dispuesto a quemar deshacerse de todo aquel humano que se haya convertido en un animal por culpa de un desengaño amoroso. Contarán con la ayuda del mago Merlín, que ha venido en forma de papel higiénico.

La película se basa en un surrealismo absoluto y de base. Un ejemplo claro es la apariencia con la que el mago Merlín se presenta a nuestros protagonistas. No por el hecho de que sea mago puede transformarse a voluntad. La magia no es sinónimo de surrealismo. Sino el hecho de que un mago con el poder del gran Merlín se aparezca en forma de papel higiénico. El continente no distorsiona el contenido. Por otro lado, el hecho de ver al protagonista con una apariencia distinta y distópica debido a un desastre emocional o natural es algo frecuente e el cine. También el hecho de que exista o se fragüe una historia de amor con otro personaje de otro origen distinto al del protagonista.

Nos encontramos en una encrucijada similar a la de Ancien hace unas semanas: el hecho de que una película sea premiada no hace de ella una obra maestra. En este caso prestigiosos festivales como el festival de cine fantástico de Sitges le otorgaron el premio a mejor película de animación. Pues sin faltar al criterio del director del festival, el cual fue profesor de este redactor, la película se basa únicamente en seguir la estela de los titanes de la animación Ghibli y Disney. En este film no vemos nada que no viéramos en El viaje de Chihiro o en la reciente Onward. Una historia de viaje interior del personaje que lucha por curar un corazón herido amando a sus nuevos y fantásticos amigos y conociendo el amor de su vida hecho de cables y sonrisa robotizada. Un viaje interior bastante superficial y difuminado a lo largo de la película. No existe una suficiente profundidad en el dibujo de los personajes ya que sus objetivos están claros pero se pierden en el intento de dar toques de humor para que el espectador pueda pasar por alto lo tétrico de que un hombre vaca duerma con una mujer satélite. El aspecto más evidente es la intención de contraponer el espacio, la ciudad de Seúl, un espacio real, con la fantasía surrealista de que el mayor mago de ficción de todos los tiempos sea un divertidísimo papel higiénico. Ciertamente, esta sería una maravillosa historia si solamente se hubiera publicado y quedado en una novela o en un relato largo. Una fábula sobre el amor y la amistad, repetitivo pero no por ello despreciable y no por ello deja de ser una película atractiva y divertida. Es ese tipo de cintas que no dudaríamos en ver en una tarde de fin de semana con los que más queremos.

Hasta la próxima, Camaradas.

Que dios bendiga el cine.

-Kiiro

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