REVIEW DE «LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS»

 

ALERTA SPOILERS

 

1988. Para el estudio Ghibli esta fe una fecha de gran importancia ya que se estrenaron dos de sus más conocidas e importantes películas: “Mi vecino Totoro” de Hayao Miyazaki y “La tumba de las luciérnagas” (Hotaru no Haka) dirigida por Isao Takahata.

Basada en la novela homónima y autobiográfica de Akiyuki Nosaka, publicada en 1967, la película de Ghibli se ambienta en el Japón del 1945 en el punto álgido y ocaso de la Segunda Guerra Mundial. La historia se centra en las vidas y desgracias de Seita y su hermana pequeña Setsuko. Durante uno de los muchos ataques y bombardeos aéreos, todos los habitantes de la ciudad de Kobe huyen a los refugios habilitados para protegerse de la barbarie. Mientras los hermanos se dirigen a uno de estos lugares ocurre el bombardeo, el cual, de lo que se enteran más tarde, provoca mutilaciones y quemaduras a la madre de los niños lo que provoca la muerte de la misma a escasos 20 minutos de comenzar en la película. Este es el punto de partida del calvario de nuestros protagonistas. Al verse solos deciden continuar su vida en casa de una tía que reside cerca de donde se encuentran. Uno de los aspectos principales es que Seita, pese a toda la desgracia y destrucción que les rodea, sólo intenta alegrar y cuidar lo mejor posible de su pequeña hermana. Con el paso del tiempo la convivencia se hace insostenible. La tía de los protagonistas cada vez es más agria con ellos incluso llega a faltarles al respeto y a echarlos de su casa, a dos jóvenes que acaban de quedarse sin madre y sin medios para sobrevivir. Al verse sin nada deciden dirigirse a un abandonado refugio antiaéreo a los pies de un lago, allí intentarán iniciar una nueva vida y como ya sabemos, al menos uno de ellos terminarla. Aquí se adaptan con facilidad, incluso encuentran momentos de belleza y ternura cuando los dos hermanos liberan a las luciérnagas que han cazado dentro de su refugio. Es entonces cuando Setsuko comienza a encontrar tan mal que la parecen erupciones por todo el cuerpo debido a la malnutrición que le lleva a fallecer en una terrible agonía.

Información de utilidad pública: no se trata de una cinta antibelicista. El autor y por consiguiente Takahata lo que pretenden es hacer una reflexión sobre la vulnerabilidad, el dolor de la soledad y la barbarie, aunque también se trata de una oda a la fuerza y al valor, una carta de disculpas a esa pequeña niña japonesa víctima de las decisiones de personas que ejercen poder sobre otras.

 

ANÁLISIS

Quién es el malo ? Ni Hitler, ni el emperador de Japón, ni la tía de los muchachos y ni el campesino que apalea a Seita cuando lo descubre robando comida. Si tenemos que encontrar un enemigo, un antagonista, y estad seguros de que lo hay, es el momento histórico. El contexto, las circunstancias que tienen que «sufrir» nuestros dos protagonistas son ese elemento antagónico.

Y centrándonos, como siempre, en los aspectos del lenguaje cabe destacar la brillantez a la hora de elegir la paleta de colores. Nos encontramos en un marco histórico marcado por el fuego y la oscuridad del cielo turbio. Por ello los colores deben ser colores apagados, con poca saturación. Colores propios de todo lo que se muestre pero lánguidos, tristes, secos, sin vida.

Y sin alejarnos del apartado de la luz, hacia el final de la historia, cuando Seita debe incinerar a su hermana, vemos como esa quema comienza de día o al menos en un momento del día en el que el cielo está iluminado en un sentido diurno, y este va oscureciéndose hasta llegar a hacerse noche. Vemos  con esta transición de luz sin necesidad de cambiar el plano, pues es un plano estático, con escala general y con el personaje reducido a una escala diminuta, como esa perdida, esa muerte de su hermana, no va a llegar a superarla. Para que lo entendamos mejor, el hecho de ver en el mismo plano como pasamos del día a la noche mientras contempla la incineración de su hermana nos indica que jamás superará esa perdida y ese dolor, pese a que pasen los días.

Una de las escenas con más carga emocional es en la que Setsuko está cavando un pequeño agujero en la tierra para enterrar a las luciérnagas que tan solo unos minutos antes del transcurso de la cinta les han dado uno de los mejores momentos de luz en su oscuridad. Seita no da crédito. Mientras ella sigue dando sepultura a los insectos vemos, por corte, en lo que parece ser un plano casi subjetivo de Seita, la imagen de la niña enterrado a los insectos, a los soldados arrojando cuerpos a una fosa común y volvemos a la pequeña.

Ciertamente se trata de una cinta de un alto contenido de crudeza emocional. Más cuando vemos como Setsuko va apagándose poco a poco y como agoniza en sus sultimos minutos de metraje. Desde un punto de vista personal es demasiado explicita la película, rozando casi la pornografía emocional. Pero es así como nos han querido contar esta historia dramática y madura, totalmente distanciada de las historias mitológicas y de aventuras a las que nos tenía acostumbrados Ghibli.

La vulnerabilidad, la fragilidad. Necesitamos entender esas sensaciones y esos sentimientos de nuestros personajes. El director intercala durante toda la película planos de una escala de gran plano general empequeñeciendo a los personajes o creando con ambos multiescalas, a menudo en forma de diagonal de cuadrantes, y a menudo también en divergencia. Pues pese aunque estén unidos y se ayuden mutuamente, sus destinos unidos por la muerte, aparentemente les separa. Pero sabemos que eso no es así, ya que como vemos al principio del film Seita muere al comenzar la historia y es su espíritu el que nos narra su pasado mientras está con el espíritu de su hermana contemplando la noche iluminada.

Solamente hay un aspecto del guion que no nos acaba de convencer, y es el hecho de que teniendo los ahorros de la madre habrían podido llegar de alguna manera a Tokio y allí dirigirse a alguna oficina municipal para localizar a los familiares de la ciudad (vaya por delante que nos referimos al guion de la película, pese a que lo que se relata haya sucedido en la vida real todo lo que se guioniza es ficción). Pero no es el tono del artículo buscarle los tres pies al gato.

Vivimos en un mundo en el que a todo el mundo le gusta el cine. Pero con eso no basta. Al cine hay que amarlo y hay que entenderlo. Realmente el cine no tiene reglas a la hora de construir y narrar por ello siempre podemos hacer diversas lecturas. Muchas de las personas que han comentado esta cinta anteriormente han comparado a la película de Ghibli con “La lista de Schindler” de Spielberg, “La vita è Bella» de Benigni, etc. Ciertamente, y salvando las distancias, La tumba de las luciérnagas se asemeja más a la magnífica “Germania, anno zero” de Roberto Rossellin.

La historia de un niño que en el Berlín post segunda guerra mundial se da cuenta de que los niños ya no quieren jugar con él porque él ya no es un niño, es el momento de madurar ante los problemas familiares y la degeneración de ciertas personas de su alrededor y obviamente esto tiene un destino fatídico. No es anime, es una película del año 48 perteneciente al neorrealismo italiano, pero realmente nos ayudaría a todos a acabar de comprender la historia tan cruda y dramática que hemos estado tratando.

Estos son el ejemplo del dolor de todas esas personas que sufrieron la avaricia de los poderosos. Recordamos que la película no pretende transmitir ningún mensaje antibelicista, es más, muchos países hicieron esa lectura, países asiáticos con conflictos con Japón, los cuales prohibieron los estrenos y proyecciones del film.

En estos días en que no podemos ver a nuestros seres queridos, estén o no, y que el confinamiento no siempre nos da esa energía vital podemos ver esta película para reafirmar nuestras creencias en la bondad, y la humanidad.

Hasta los próximos fotogramas, camaradas.

Que dios bendiga al cine.

 

-Kiiro

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