REVIEW DE «NICKY, LA APRENDIZ DE BRUJA»

 

(ALERTA SPOILERS)

 

A pocos meses de la caída del Telón de acero en el año 1989 se estrenaba en Japón una de las más emblemáticas películas de nuestro estimado estudio Ghibli. Basándose en los libros de Eiko Kadono, el gran Hayao Miyazaki estrena la inmortal “Nicky, aprendiz de bruja – Kiki’s Delivery Service (Majo no takkyubin)”.

Nicky es una joven bruja de 13 años que vive en un pequeño pueblo en las montañas con sus padres. Ya ha alcanzado la edad de madurez para las brujas en la cual debe marcharse de casa, independizase, asentarse en una ciudad e iniciar su vida como bruja encontrando su talento, es decir, en qué utilizar su magia. Junto a ella viaja su gato Jiji, un felino de lo más tierno, divertido e inteligente. Ambos son la pareja perfecta de vuelos y aventuras. Surcándo los cielos Nicky llega a una ciudad cercana a la costa donde decide instalarse. Al llegar a la ciudad crea un pequeño alboroto debido a  un despiste sobrevolando la ciudad e incluso es increpada por un policía, cosa que queda finalmente en una anécdota ya que se escabulle rápidamente. Ayudando a Osono, la panadera, a devolver un objeto olvidado por un cliente, esta le ofrece techo y cama.

Tan pronto como se ha instalado decide crear y gestionar un negocio de mensajería, pues la propia Nick ya sabe desde siempre que su don, su mejor habilidad es el vuelo con escoba. Con algunos inconvenientes puntuales el negocio da sus frutos. Jiji, que siempre la ha estado acompañando conoce a una gata blanca en una de las ventanas cercanas a la habitación de NIcky. Es en las siguientes aventuras de nuestra pequeña bruja que Jiji decide quedarse con su nueva amiga. A partir de aquí Nicky comienza a encontrarse mal, a sufrir algunos bloqueos incluso a no poder volar. Añadimos al hecho de que ella, una bruja que ha perdido la habilidad de volar, ha dejado de entender a su mejor amigo. Al verse atrapada en el dolor y los ánimos bajos, Ursula, una joven pintora que conoció en uno de sus primeros envíos la va a ver a la ciudad y le invita a pasar unos días a su cabaña del bosque para alejarse del mundanal ruido y relajarse. A la vuelta Nicky regresa algo más tranquila y fuerte. Tan fuerte como para salvar a su amigo Tombo de un inminente accidente con el dirigible que acababa de alzar el vuelo. Nicky logra volver a alzar el vuelo y todo comienza a enderezarse y a brillar de nuevo.

Koriko es la ciudad donde se desarrolla la narración. Seguramente a todos nos ha sorprendido por el estilo de ciudad y geografía en la que se sitúa. En primer lugar, señalar que los nipones siempre sienten mucho respeto a la hora de ambientar cierta historia en cierto espacio. Es por ello que para no herir sensibilidades ciertas veces ambientas sus aventuras en parajes lejano u exóticos. También es cierto que una de las reglas del cine de aventuras es la ambientación en lugares lejanos y exóticos, por lo tanto ya tenemos definido el género del film. Es por ello que Miyazaki decide ambientar su historia en una ciudad que bien podría parecerse a la bellísima Estocolmo (pues no es un secreto que en pleno proceso de producción el director viajó a Europa y se inspiró en dicha ciudad para pintar la suya). Cuando Nicky se acerca a las calles de Koriko vemos que en ella circulan coches, transeúntes, etc en perfecta armonía. Si nos fijamos en los vehículos que circulan, en las vestimentas o en ciertos objetos que vemos reflejados en la pantalla podemos deducir que la ambientación del film varía entre los años 30,40 y 50 ya que encontramos elementos propios de todas las épocas. Un ejemplo claro es la presencia de una radio bastante moderna a las de la época que cuelga del palo de su escoba. O también podemos fijarnos en uno de los televisores que vemos en la película que ciertamente son propios de los años 50. Por otro lado, el hecho de que las brujas estén del todo integradas y toleradas por la sociedad, cosa que a lo largo de la historia del cine ha sido algo poco frecuente, hace que se nos presente, como una leve pincelada, el concepto de realismo mágico. El hecho de que se conciba como algo normal los poderes mágicos en mujeres y que no necesitemos explicación de los mismos son las bases que nos dibujan el género literario dentro de la historia.

Teniendo la magia como pilar fundamental de la película nos presenta los dones de las brujas como una metáfora del talento. Comprendiendo esto como elemento principal, lo añadimos al ya conocido y permanente dibujo de mujeres fuertes, independientes y sin jerarquías o conflictos por los que verse sometidas. Pese a ello Nicky es joven e inexperta pero fiel a sí misma y atrevida a más no poder. Es por ello que con ese planteamiento de personaje el conflicto ideal sea el de la perdida de sus poderes. La deconstrucción de su personalidad tal y como la conocíamos hasta ahora. Podemos entender la incapacidad de comprensión de Jiji y de vuelo, el bajo estado de ánimo de nuestra protagonista, como un bloqueo creativo. La magia es un don, y como cualquier artista, todos podemos llegar a sufrir en algún momento algo parecido.  De esta manera, la presencia de personajes como Osono y Ursula es de vital importancia para el desarrollo de la trama y para la construcción y crecimiento del personaje principal, de la heroína. Osono y Ursula actúan como mentoras de Nicky, es decir, una herramienta de guion para ayudar al personaje a avanzar y conseguir que logre su objetivo, o en este caso, que supere sus miedos y bloqueos.

Es necesario que Nicky pase de sentirse una incomprendida por los adultos, incomprendida en el amor, pues otro de los factores principales de su bloqueo es la aparición de sentimientos hacia Tombo, cosa que por suerte se difumina bastante a lo largo de la conclusión del film, para poder realizar ese crecimiento y encontrarse a sí misma. Y podemos afirmar que al final de la película supera esos conflictos cuando rescata a su amigo, supera las adversidades, y aun habiendo superado todo, y nos referimos a la versión original japonesa y a la versión española, continua sin comprender a Jiji que desde el ecuador de la película solamente maúlla. Ya es fuerte e independiente pero ha crecido, ya no es una niña, ya no podrá oír articular palabras a su estimado gato. Por todo ello, el director pretendía transmitir un mensaje universal, que cualquier persona pudiera sentirse identificada.

A lo largo de la película vemos diferentes composiciones narrativas. Una de ellas es el plano subjetivo desde el que Nick, viendo el techo del tren ve su nueva ciudad a lo lejos. Vemos esa multiescala entre el tren y la ciudad marcando así que se nos presentarán algunos conflictos. Otra de ellas es de nuevo una multiescala de los dos jóvenes viendo el dirigible cerca del mar. La diagonal de cuadrantes reduciendo en escala a los personajes y el dirigible ocupando todo el segmento derecho del plano marca que será uno de los conflictos más importantes de la película porque supondrá la vida y seguridad de muchos de los habitantes de la ciudad.

Por último, la más sencilla de comprender, es el plano en el que Nicky se encuentra sola en su habitación fabricando una nueva escoba. Solamente hay un punto de luz sobre ella, y el espacio es diáfano, limpio. Ciertamente habría tenido mucho más sentido haber reducido al personaje a uno de los cuadrantes inferiores del plano, para marcar esa tristeza o vulnerabilidad. Pero es comprensible que y palpable el sentimiento de soledad y tristeza del personaje.

Una de las curiosidades de la cinta es que en principio Miyazaki no iba a dirigir la película. Pero este, al ver el borrador del guion decidió ponerse al mando del proyecto. Gracias a ello tenemos una de las joyas de Ghibli. Además, y sin entran en comparaciones, en esta más que en cualquier otra película, vemos ciertos trazos de técnicas de animación infantil Disney. En concreto nos referimos al momento en que Nicky regresa a su habitación desde el cuarto de baño donde la banda sonora acompaña los pasos de la protagonista subiendo las escaleras de la casa.

Estamos ante una de las mejores roturas de estereotipos de las brujas que hayamos visto. Alejados de romances, villanos, planes malévolos. Tenemos ante nosotros el ejemplo del buen cine de animación japonés. Historias no necesariamente para niños, complejas y profundas. Ghibli no solamente divierte, también, desde siempre y por siempre, no educa para ser mejores. Para ser nosotros.

Un saludo, Camaradas.

Que dios bendiga a Hayao Miyazaki.

-Kiiro

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