REVIEW DE «ŌKAMI KODOMO NO AME TO YUKI» (WOLF CHILDREN)

 

(ALERTA SPOILERS)

 

Wolf Children, la tragicomedia más notable del genio creador de películas como «The Boy and the Beast» y «Summer wars». El estreno del film se remonta al año 2012.

En el día de hoy nos ocupa una de las historias más agridulces que jamás hayamos tenido entre manos. Hana es una joven estudiante que trabaja a tiempo parcial. Su vida se basa en lo cotidiano y costumbrista. Un día se percata de la presencia de un joven alto y solitario con cierto aspecto misterioso que frecuenta sus clases en la universidad. Hana, interesada en el chico, comienza a hablar con él y a organizar planes. Al poco tiempo ya son pareja. En una de esas citas, él, encontrándose los dos en una colina en donde puede verse una panorámica de la ciudad, le confiesa, con la correspondiente transformación, que él es un lobo. Pasa los días y los meses y ambos acaban concibiendo a dos pequeños lobitos: un niño llamado Ame y una niña llamada Yuki.

Es un lluvioso y oscuro día, el padre de los cachorros sale a cazar pero sufre un fatídico y letal accidente. A partir de aquí, Hana SE encuentra sola en el mundo con dos pequeños lobos. Al verse así, y huyendo de los ojos y las zarpas de la sociedad salvaje, se muda a las montañas con las que soñaba con su difunto amor y entonces comenzará la aventura de la crianza y el amor.

En la filmografía del director podemos encontrar otros títulos en los que se trata el amor paterno o materno filial. Esta película es un claro homenaje, una oda a ese amor incondicional y capaz de romper mareas que es el de una madre por sus hijos. Por eso no dejamos de encontrar pinceladas de pureza, de ternura y calidez con toques fríos de realidad y dolor por el paso rompedor del destino.

No necesariamente refiriéndonos al lenguaje, sino al curso que toma la narración, son recurrentes los episodios y la composición de plano en referencia al conflicto. En primer lugar, pese a que se presente de una manera bien humana, la relación entre una humana y un lobo es quizás el conflicto por excelencia del film. Por otro lado la huida del hogar para buscar la luz y la tranquilidad. La gran odisea de los cultivos y la composición de los planos reduciendo a los personajes a una escala casi de plano detalle y plano general tensor. Por otro lado, el eje sobre el que se desarrolla todo es ese amor de madre, lo más puro. El hecho de que la familia se vea obligada a mudarse a las montañas, a un espacio rudo, hostil y puro es un elemento acogedor y comparativo en un sentido positivo con ese amor de madre.

Desde nuestro punto de vista, y sin ánimo de menospreciar la maravillosa banda sonora de Takagi Masakatsu, no encontramos una estructura y una linealidad en cuanto a la construcción narrativa con imágenes. Aunque si es cierto que en cuanto a la relación de Ame y Hana a menudo se les dibuja en el plano con multiescalas y diagonales de cuadrantes para así marcar la distancia, la distinción y el conflicto entre ellos, cierto es que esto se da a medida que los niños crecen. Por otro lado, en el momento en que desaparece el padre lobo, el plano y la reducción de escala hablan por sí solos

La narración, la historia, es una estructura perfecta. Uno de los identificadores del cine de Hosoda es la elipsis, elemento de transición de tiempo. Un ejemplo claro y brillante es el movimiento de cámara con el que, con un traveling lateral nos muestra la evolución y crecimiento de los jóvenes lobos en el espacio que a todos nos ha visto crecer: la escuela. La magia del cine se basa en utilizar aspectos cotidianos y sublimarlos, extraer esa peculiaridad.

 

Claramente estamos ante un homenaje y un abrazo a todas las mujeres que han hecho de su vida un oasis de dolor y alegrías, de trabajo y amor. Uno de los aspectos más interesantes es de una sutileza sublime pero de cierto aspecto desagradable para el género. Pese a ello veremos lo bien que se entiende la situación. Cómo hemos dicho la elipsis es el eje central del cine de Hosoda. Los jóvenes lobos crecen y crecen. Pero el hecho de que los veamos más altos no es suficiente. Hosoda necesita decirnos de una manera más clara ese aspecto. Por un lado Ame ya no necesita la ayuda ni la presencia de nadie para nada, ya es independiente, ya es más libre a medida que crece. De lo que os queremos hablar es del momento en que el nuevo alumno de la escuela: Sohei. El chico se acerca a Yuki e indica que huele parecido a un lobo. Hosoda nos está explicando que Yuki está creciendo. Y no sólo eso, nos acaba de decir que Yuki ya es una mujer. Lamentamos lo desagradable que resulta esa explicación del crecimiento de una mujer. Aun así es de una brillantez inspiradora. Por otro lado, la secuencia en la que Ame, durante un día peligrosamente lluvioso, pues por si no hemos comprendido el sentido de ello la lluvia es el elemento de mayor conflicto, pues cuando el padre lobo muere era un día negro y triste inundado de lluvia. En el clímax de la película no podía ser de otra manera ese espacio y esa meteorología. Cómo decíamos, Ame se va con su apariencia total de lobo hacia el bosque. Entonces Hana va en su busca sufriendo un verdadero calvario rozando incluso el peligro de muerte. Ese espacio de bosque frondoso, gris, rudo en cuento al terreno indica el estado emocional de ella al ver que sus hijos crecen y se alejan.

Como añadido, sin que sea importante, la animación nos resulta de una sutileza, una sensibilidad y una delicadeza perfectas para la historia. Si hay camaradas que consideran que la animación de los personajes se podría hacer mejor es el criterio propio de cada uno, pero esa sencillez y ese aspecto básico, sin ánimo de ofensa, es de lo mejor.

Por todo ello, la riqueza de esta obra se basa más en la historia en sí que se nos cuenta. Un cuento maravilloso de amistad, amor, familia, generosidad y libertad. Es por ello que dejamos el resto de aspectos para vuestro primer o segundo o décimo visionado de esta maravilla fantástica.

 

Nos vemos camaradas.

Que dios bendiga el cine.

-Kiiro

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