REVIEW DE «PUEDO ESCUCHAR EL MAR»

 

(ALERTA SPOILERS)

 

Regresamos con una cinta de nuestro amado Studio Ghibli, Camaradas. Dirigida por Tomomi Mochizuki en el año 1993, basada en la novela original homónima de Saeko Himuro, nos presenta la historia de Rikaku Muto, natural de la ciudad de Tokio, que se traslada a una de las escuelas superiores de la ciudad de Kochi. Es buena en los deportes y en los estudios, pero de algún modo no consigue adaptarse a la vida social de la escuela. A ese mismo colegio acuden Taku Morisaki y Yutaka Matsuno, dos muchachos que se conocen en el momento en el que ambos se plantan ante los abusos de los profesores en las gestiones del curso. Taku empieza interesarse visiblemente por la recién llegada Muto al igual que su compañero. Ella comenzará a acercarse a ellos justo en el momento en el que comienza a dejar entrever sus sentimientos y conflictos internos. Una historia de la adolescencia pasada y añorada.

 

ANÁLISIS

En primer lugar, el titulo original de la película, en una traducción literal, podría ser “El mar ha terminado”. Debido a condiciones de distribución, el film que conocemos como “Puedo escuchar el mar” se tradujo en el mundo anglosajón como “Ocean Waves”.

Puedo escuchar el mar es una película que con su historia dibuja una de las cualidades más humanas que existen: la nostalgia y un retrato de la adolescencia. Una nostalgia que vista desde este año 2020, con el tiempo de animación sencilla, clásica (pues recuerda a las series que nos emocionaron en la infancia), y con una paleta de colores lo suficientemente saturada como para encontrarse en el límite un recuerdo que duele. Quizás tenga algo que ver el hecho de que Ghibli es producto de una generación superviviente o hija de una terrible Guerra Mundial. Por ello, el elemento nostálgico siempre estará en sus colores.

La película tiene muchas más pinceladas, aunque ligeras, de lenguaje cinematográfico. Una de ellas es un ejercicio de luz muy simple que ya vimos en el análisis de Steins;Gate. Esta película basa toda su línea narrativa en el flasback. Para introducir dicho elemento el director decide iluminar de manera intermitente el rostro del protagonista al ver en una estación de tren a una amiga de la infancia. A continuación vemos el ejemplo:

Añadimos al ejemplo el elemento del espacio. Directores de la talla de Makoto Shinkai ya han utilizado los trenes o las estaciones con un sentido de conexión, o con un significado más relacionado con lo pasajero. En este caso nos podríamos quedar con lo segundo. La historia nos narrará la adolescencia de un joven que, con sus buenos y malos momentos, vivió cosas que ya dejó atrás, pues al final todo pasa como esos trenes que cruzan las ciudades.

Por otro lado un pequeño instante de lenguaje nos marca de nuevo el sentido y la intención de la película. El hecho de reducir el plano al tamaño de una fotografía en el mismo plano de manera externa a la acción nos remarca el elemento recuerdo y el elemento nostalgia.

Por supuesto, la adolescencia es la etapa, para muchos, de los primeros amores. En este caso la historia nos dibuja un triángulo amoroso no consumado entre los protagonistas. Si hubiera que catalogar de alguna manera el género o el tipo de historia serie de “amor sentimental”. ¿Kiiro, es que no sabes que existe una expresión que es “historia romántica”? El motivo de que esto no sea una historia romántica es sencillo: el romanticismo o amor romántico dista mucho de ser lo que el cine nos ha hecho creer. El amor romántico es aquel que lucha contra los elementos, el que no entiende de distancias de límites. Es el sentimiento hiperbólico, la idealización de la otra persona. Por supuesto sería la antítesis de lo platónico, pues pese a ser puramente emocional integra necesariamente el carácter físico y carnal, muchas veces no consumado. Como habréis podio comprender al ver la película no es el caso, Camaradas.

El tedio, los adultos, los dramas personales de juventud, etc. Toda una mise en place de emociones que juntas hacen una película peculiar para el estudio en cuestión. Ghibli ya lleva a sus espaldas una estupenda “La tumba de las luciérnagas”, una cinta triste, nostálgica y CRUDA. Por supuesto la película que hoy nos ocupa es una rara vis en el catálogo del estudio japonés. También es cierto que prácticamente nadie, incluso muchos de los fans del género, recuerdan o reconocen el film. Aun así, la cinta tiene cosas buenas.

El montaje es la contraposición del dibujo de personajes. La película está montada de tal manera que el espectador comprenda que la vida real no es alfo fantasioso ni plagado de aventuras. La vida real es lenta, contemplativa y a veces tediosa. Muchos escenarios cotidianos, fiel retrato de una ciudad en la que viven los personajes pero siempre con el lento pasar del tiempo. Y como decíamos, la construcción de los personajes es casi inexistente. Realmente estamos ante personajes poco trabajados y poco interesantes u atractivos. Podemos entenderlo de dos maneras: como un error de producción y falta de creatividad o de manera que el director quería mostrar que los personajes son gente normal en un mundo normal sin excesiva relevancia.

En cuanto al sentido del título, como lectura personal, podemos entenderlo como esa añoranza de lo que años atrás hizo felices a los personajes. Lo comprendemos mejor con el título literal que hemos sugerido: “El mar ha terminado”. Todo aquello que nos vio crecer y entristecer y alegrarnos ya terminó y ahora todo lo que nos rodea es diferente y nuevo que, aun así, nos obliga a recordar.

Llegó un momento en el que la cúpula de Ghibli se detuvo a pensar en el posible futuro de un estudio en el que sus grandes directores desaparecieran. Llegaron a  la conclusión de emprender un camino de experimento. Decidieron poner al frente de un largometraje aun equipo de personas jóvenes y probar suerte con el resultado que se obtuviera.

Pese a que ahora ya sepamos parte de la construcción de la película, siempre los elementos que consideramos más importantes, y sepamos el significado de ellos (cosa que ha hecho que muchos de los espectadores de la película, ante el ritmo lento y, según ellos vacío, hayan crucificado la cinta) seguramente todos volvamos a olvidarla entre la larga lista de grandes películas del Studio Ghibli. Y es algo normal pero con un pequeño esfuerzo seguro podemos encontrarle un pequeño lugar en nuestra filmografía personal.

 

Nos vemos, Camaradas.

Que dios bendiga el cine.

-Kiiro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *